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miércoles, 19 de marzo de 2008

Falleció en Sri Lanka Sir Arthur C. Clarke.


El escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke falleció este miércoles en un hospital de Sri Lanka a la edad de 90 años.

Para leer más detalles de la noticia, publicada en la versión digital del periódico La Nación, Costa Rica, pulse AQUÍ y para leer su obituario, pulse AQUÍ.

Como homenaje póstumo a este gran científico y escritor de ciencia ficción, publico un ameno cuento de este autor, titulado "Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios", que encontré en el libro "El Retorno de los Brujos", escrito por Louis Pauwels y Jacques Bergier.
El cuento aparece escrito en la primera parte del libro, sección "Las Civilizaciones Desaparecidas", capítulo III, página 226. Este libro constituye la cuarta edición publicada en enero de 1989 por la editorial Plaza & Janés Editores, S.A., Barcelona y es una traducción de J. Ferrer Aleu.

En inglés, el nombre del cuento original es The Nine Billion Names of God.

NOTA.
Recuerde que 1 billion = 1000 millones = 1000 000 000 = 109 ; por lo cual, quienes traducen "billion" como "billón", están equivocados, ya que 1 billón = 1 millón de millones; es decir, escrito numéricamente sería 1 billón = 1 000 000 000 000 = 1012
Si desea leer un artículo relacionado pulse el siguiente enlace:





Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios

por Sir Arthur C. Clarke


El doctor Wagner se contuvo haciendo un esfuerzo. La cosa tenía mérito. Después dijo: –Su pedido es un poco desconcertante. Que yo sepa, es la primera vez que un monasterio tibetano encarga una máquina de calcular electrónica. No quisiera parecer curioso, pero estaba lejos de pensar que un establecimiento de esta naturaleza tuviese necesidad de aquella máquina. ¿Puedo preguntarle qué piensa hacer con ella?

El lama se ajustó los faldones de su túnica de seda y dejó sobre la mesa la regla de cálculo con la que acababa de hacer la conversión de libras en dólares.

–Con mucho gusto. Su calculadora electrónica tipo cinco puede hacer, si su catálogo no miente, todas las operaciones matemáticas hasta diez decimales. Sin embargo, me interesan letras y no números. Tendría que pedirles que modificasen el circuito de salida, de modo que imprimiese letras en vez de columnas de cifras.

–No acabo de comprender...

–Desde la fundación de nuestro monasterio, hace más de tres siglos, nos hemos venido consagrando a cierta labor. Es un trabajo que acaso le parezca extraño, y por ello le pido que me escuche con espíritu abierto.

–De acuerdo.

–Es sencillo. Estamos redactando la lista de todos los nombres posibles de Dios.

–¿Cómo?

El lama prosiguió, imperturbable: –Tenemos excelentes razones para creer que todos estos nombres requieren, como máximo, nueve letras de nuestro alfabeto.

–¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?

–Sí. Y hemos calculado que necesitaríamos quince mil años para completar nuestra tarea.

El doctor lanzó un silbido ahogado, como si estuviera un poco aturdido.

–O. K. Ahora comprendo por qué quiere usted alquilar una de nuestras máquinas. Pero, ¿cuál es el objeto de la operación?

El lama vaciló una fracción de segundo, y Wagner temió haber molestado a aquel singular cliente que acababa de hacer el viaje de Lhassa a Nueva York con una regla de calcular y el catálogo de la «Compañía de Calculadoras Electrónicas» en el bolsillo de su túnica de color azafrán.


–Puede llamarlo ritual si así lo quiere –respondió el lama–, pero tiene una gran importancia en nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo, Dios, Júpiter, Jehová, Alá, etc., no son más que rótulos escritos por los hombres. Consideraciones filosóficas demasiado complejas para que se las exponga ahora nos han dado la certidumbre de que, entre todas las permutaciones y combinaciones posibles de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Pues bien, nuestro objeto consiste en encontrarlos y escribirlos todos.

–Ya comprendo. Han empezado ustedes con A.A.A.A.A.A.A.A.A. y terminarán con Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.Z.

–Con la diferencia de que utilizamos nuestro alfabeto. Desde luego, supongo que les será fácil modificar la máquina de escribir electrónica adaptándola a nuestro alfabeto. Pero hay otro problema más interesante, la disposición de circuitos especiales que eliminen las combinaciones inútiles. Por ejemplo, ninguna de las letras debe aparecer más de tres veces sucesivamente.

–¿Tres? Querrá decir dos.

–No. Tres. Pero la explicación detallada requeriría demasiado tiempo, aunque comprendiera usted nuestra lengua.

Wagner dijo, precipitadamente: –Claro, claro. Prosiga.

–Le será fácil adaptar su calculadora automática para lograr este punto.

Convenientemente dispuesta una máquina de este tipo puede permutar las letras unas tras otras e imprimir el resultado. De esta manera –concluyó el lama tranquilamente–, lograremos en cien días lo que nos habría costado quince mil años más.

El doctor Wagner creyó perder el sentido de la realidad. Las luces y los ruidos de Nueva York parecían esfumarse al llegar a las ventanas del building. Allá, a lo lejos, en su remoto asilo montañoso, los monjes tibetanos componían desde hacía trescientos años, generación tras generación, su lista de nombres desprovistos de sentido... ¿Acaso la locura de los hombres no tenía un límite? Pero el doctor Wagner no debía manifestar sus pensamientos. El cliente tiene siempre razón...

Respondió: –No cabe duda de que podemos modificar la máquina tipo cinco de manera que imprima las listas como usted desea. Me preocupa más la instalación y el manejo. Además, no será fácil transportarla al Tibet.

–Esto puede arreglarse. Las piezas sueltas son lo bastante pequeñas para que puedan transportarse en avión. Por esto hemos escogido la máquina de ustedes. Envíen las piezas a la India, y nosotros nos encargaremos de lo demás.

–¿Desean los servicios de dos de nuestros ingenieros?

–Sí, para montar la máquina y vigilarla los cien días.

–Enviaré una nota a la dirección de personal –dijo Wagner, escribiendo en un bloc–. Pero aún hay dos cuestiones más que resolver...

Antes de que pudiese terminar la frase, el lama había sacado del bolsillo una hojita de papel.

–Aquí tiene el estado, certificado, de mi cuenta en el Banco Asiático.

–Muchas gracias. Perfectamente... Pero, si me permite, hay otra cuestión, tan elemental que casi no me atrevo a mencionarla. A menudo ocurre que se olvidan las cosas más evidentes... ¿Disponen de energía eléctrica?

–Tenemos un generador Diesel eléctrico de cincuenta kilovatios y ciento diez voltios. Fue instalado hace cinco años y funciona bien. Nos facilita la vida en el monasterio. Lo compramos principalmente para hacer girar los molinos de oración.

–Ah, ya. Naturalmente. Hubiese debido pensarlo...

La vista, desde el parapeto, producía vértigo. Pero uno se acostumbra a todo.

Tres meses habían transcurrido, y a Georges Hanley no le impresionaban ya los seiscientos metros de caída vertical que separaban el monasterio de los campos cuadriculados del llano. Apoyado en las piedras redondeadas por el viento, el ingeniero contemplaba con ojos cansinos las montañas lejanas cuyos nombres ignoraba. «La operación nombre de Dios», según la había bautizado un humorista de la Compañía, era sin duda el trabajo más desconcertante en que jamás hubiera participado.

Semana tras semana, la máquina tipo cinco modificada había llenado miles y miles de hojas con sus inscripciones absurdas. Paciente e inexorable, la máquina calculadora había agrupado las letras del alfabeto tibetano en todas las combinaciones posibles, agotando una serie tras otra. Los monjes recortaban ciertas palabras al salir de la máquina de escribir eléctrica y las pegaban devotamente en unos enormes registros. Dentro de una semana, su trabajo habría terminado.

Hanley ignoraba qué cálculos oscuros los habían llevado a la conclusión de que no hacía falta estudiar conjuntos de diez, de veinte, de cien o de mil letras, y no tenía ningún empeño en saberlo. En sus pesadillas, soñaba algunas veces que el gran lama decidía bruscamente complicar un poco más la operación y que había que proseguir el trabajo hasta el año 2060. El hombre parecía muy capaz de una cosa así.

Crujió la pesada puerta de madera. Chuk se reunió con él en la terraza. Chuk estaba fumando un cigarro, como de costumbre. Se había hecho popular entre los lamas repartiéndoles habanos. «Aquellos individuos podían estar completamente desquiciados –pensó Hanley–, pero no tenían nada de puritanos.» Las frecuentes excursiones al pueblo no habían carecido de interés.

–Escucha, Georges –dijo Chuk–, estoy preocupado.

–¿Se ha estropeado la máquina?

–No.

Chuk se sentó en el parapeto. Fue algo sorprendente, pues, de ordinario, temía el vértigo.
–Acabo de descubrir el objeto de la operación.

–¡Pero si ya lo sabíamos!

–Sabíamos lo que querían hacer los monjes, pero ignorábamos el porqué.

–¡Bah! Están chalados...

–Escucha, Georges, el anciano acaba de explicármelo. Piensan que cuando se hayan escrito todos estos nombres (que, según ellos, son unos nueve mil millones), se habrá alcanzado el divino designio. La raza humana habrá cumplido la misión para la que fue creada.

–Y después, ¿qué? ¿Esperan, acaso, que nos suicidemos?

–Sería inútil. Cuando la lista esté terminada, intervendrá Dios, y todo habrá acabado.

–¿Se acabará el mundo?

Chuk lanzó una risita nerviosa.

–Esto es lo mismo que le he dicho al anciano. Entonces él me ha mirado de un modo extraño, como el maestro a un discípulo particularmente lerdo, y me ha dicho: «¡Oh, no será una cosa tan insignificante!»

Georges reflexionó un momento.

–Es un tipo que, por lo visto, tiene grandes ideas –dijo–, pero no veo que cambie nada la situación. Ya habíamos convenido en que están locos.

–Sí. Pero, ¿no te das cuenta de lo que puede ocurrir? Si, terminadas las listas, no suenan las trompetas del ángel Gabriel, en su versión tibetana, pueden pensar que es por culpa nuestra. A fin de cuentas, utilizan nuestra máquina. No me gusta esto...

–Comprendo... –dijo Georges, muy despacio–, pero ya he visto otros casos parecidos. Cuando yo era pequeñín, hubo en Luisiana un predicador que anunció el fin del mundo para el domingo siguiente. Centenares de personas le creyeron. Incluso algunas se vendieron sus casas. Pero nadie se encolerizo cuando pasó el domingo. La mayoría pensó que había sido sólo un pequeño error de cálculo, y muchos de ellos siguen creyendo igual.

–Para el caso de que no lo hayas notado, debo advertirte que no estamos en Luisiana.

Estamos solos, los dos, entre centenares de monjes. Son muy simpáticos, pero preferiría hallarme lejos cuando el viejo lama se dé cuenta del fracaso de la operación.
–Hay una solución: un pequeño sabotaje inofensivo. El avión llega dentro de una semana, y la máquina acabará su trabajo en cuatro días, a razón de veinticuatro horas por día. Sólo tenemos que hacer una reparación que dure tres o cuatro días. Si calculamos bien el tiempo, podemos hallarnos en el aeropuerto cuando salga de la máquina la última palabra.

Siete días más tarde, cuando sus caballitos montañeros descendían la carretera en espiral, Hanley dijo:

–Siento un poco de remordimiento. No huyo porque tenga miedo, sino porque me dan pena. No quisiera ver la cara que pondrá esta buena gente cuando se detenga la máquina.

–Si no me equivoco –dijo Chuk–, han adivinado perfectamente que huíamos, y les ha tenido sin cuidado. Ahora saben que la máquina es absolutamente automática y que huelga toda vigilancia. Y también creen que no habrá un después.

Georges se volvió en la silla y se quedó dormido. La mole del monasterio recortaba su parda silueta sobre el sol poniente. Unas lucecitas brillaban de vez en cuando bajo la masa sombría de las murallas, como los tragaluces de un navío en ruta. Eran lámparas eléctricas suspendidas en el circuito de la máquina número cinco.

« ¿Qué sucedería con la calculadora eléctrica? –se pregunto Georges–. ¿La destruirían los monjes, a impulsos del furor y el desengaño? ¿O volverían a comenzar de nuevo?» Como si todavía estuviese allí, veía todo lo que pasaba en aquel momento en la montaña, detrás de las murallas. El gran lama y sus auxiliares examinaban las hojas, mientras los novicios recortaban nombres extravagantes y los pegaban en el enorme cuaderno. Y todo esto se realizaba en medio de un religioso silencio. No se oía más que el tableteo de la máquina, golpeando el papel como una lluvia mansa. La propia máquina calculadora, que combinaba millares de letras por segundo, era absolutamente silenciosa...

La voz de Chuk interrumpió sus sueños.

–¡Míralo! ¡He ahí una visión agradable!

Semejante a una minúscula cruz de plata, el viejo avión de transporte «D. C. 3» acababa de posarse allá abajo, en el pequeño aeródromo improvisado. Esta visión daba ganas de beber un buen trago de whisky helado. Chuk empezó a cantar, pero se interrumpió de pronto. Las montañas parecían restarle ánimos.

Georges consultó su reloj.
–Estaremos en el llano dentro de una hora –dijo. Y añadió–: ¿Crees que habrá terminado el cálculo?

Chuk no respondió, y Georges levantó la cabeza. Vio que el rostro de Chuk estaba muy pálido, vuelto hacia el cielo.

–Mira –murmuró Chuk.

Georges, a su vez, levantó los ojos.

Por última vez, encima de ellos, en la paz de las alturas, las estrellas se apagaban una a una...


********** FIN*******



Enlaces que contienen información sobre Arthur Clarke.

1. Arthur Clarke-biografía. Sitio de Ciencia Ficción.

2. Obituario de Arthur Clarke (english) - BBC News

3. The Arthur C. Clarke Foundation

4. Arthur C. Clarke.NET

5. Arthur Clarke - Answers.com

6. Frases célebres de Arthur Clarke - FrasedeHoy.com




domingo, 16 de marzo de 2008

El regreso de Galileo al Vaticano.


Galileo regresa al Vaticano.


Después de cuatro siglos, desde que la Iglesia Católica ordenó a Galileo Galilei presentarse a Roma y enfrentar el juicio por sospecha de herejía, una estatua del astrónomo italiano será erigida en el Vaticano. El próximo año (2009) es el Año Internacional de la Astronomía y se cumplen 400 años desde que Galileo utilizó por primera vez un telescopio para estudiar los cielos, por lo cual, el Vaticano planea sumarse a los planes de conmemoración de este aniversario.

Galileo fue condenado a arresto domiciliario por la Iglesia Católica en 1633 por cuanto él creía que el Sol era el centro del sistema solar y no la Tierra, lo que estaba en contradicción con la Biblia.

La estatua de Galileo fue encargada por la Pontificia Academia de las Ciencias y fue pagada con donaciones privadas. El presidente de la Academia, Nicola Cabibbo, dijo que la estatua muestra a Galileo de pie y gesticulando como si estuviera enseñando.

Cabibbo, un científico de partículas, dijo que rendirle honor a Galileo de esta forma es importante porque la Academia considera que Galileo es uno de los más antiguos miembros de su grupo, por cuanto él era un miembro de la Academia Nacional de Lincei, de la cual deriva la Academia Pontificia.


NOTA.
Este artículo es una traducción y adaptación de: Galileo Returns to the Vatican, escrito por Nancy Atkinson para Universe Today (2008/03/15).

viernes, 14 de marzo de 2008

El Día del Número Pi.

¡Hoy se celebra el Día del Número Pi!


¿Porqué se celebra hoy el Día de π (Pi)?
Los fans del número π acordaron rendir homenaje a este número dedicándole un día específico del año, por ello se escogió el día 14 de marzo. Esto porque según el formato usado en USA para escribir fechas, esta fecha se escribe 3/14, que corresponde al valor con tres dígitos más utilizado de π, esto es, π = 3,14. Los fans más quisquillosos y rigurosos de π, celebran este día a la 1:59 am, teniendo en cuenta la aproximación con seis dígitos de π, i.e., π = 3,14159.

También, por una razón similar, el 22 de julio se celebra el día de la aproximación de π, pues 22/7 = 3,142857 es una buena aproximación de π.

La primera celebración del Día de Pi se efectuó en el Exploratorium de San Francisco en 1988 y conto con la participación del personal del Exploratorium y público en general; para tal efecto, realizaron una marcha en torno a uno de sus espacios circulares y luego, los participantes se dedicaron a consumir "pies" (tartas o pasteles) de fruta. Desde entonces, el museo ha añadido los "pizza pies" a su menú del Día de Pi.

El fundador del Día de Pi, denominado "el Príncipe de Pi", es Larry Shaw, quien ahora se encuentra retirado del Exploratorium, pero aún colabora con las tareas relacionadas con la celebración de este día. También, ellos han añadido recientemente la primera celebración del Día de Pi en Second Life.

Otra de las actividades que se acostumbra efectuar en el Día de Pi, especialmente por los geeks, consiste en disfrutar en grupo la película Pi (1998) del director estadounidense Darren Aronofsky. Una descripción más detallada de la película puede ser obtenida siguiendo los enlaces proporcionados.

Es importante recordarle que hoy también se celebra un evento de suma importancia en la historia de la humanidad, en especial en el campo de la Física; porque hoy 14 de marzo se celebra también el natalicio de Albert Einstein ( 14 de marzo de 1879 - 18 de abril de 1955).

Un detalle interesante es que el Massachussetts Institute of Technology (MIT) acostumbra enviar las cartas de aceptación a sus futuros estudiantes para que sean entregadas a ellos exactamente el día 14 de marzo.

Existen muchas formulaciones matemáticas para obtener el número π y también, procesos demostrativos para demostrar su irracionalidad; es decir, su condición de número irracional y la imposibilidad de expresarlo como una fracción. Posteriormente, trataré estos temas en un artículo un poco más extenso donde se involucra de diversas formas al número π.

Hago especial énfasis en que π está presente en numerosas fórmulas matemáticas utilizadas en el campo científico, las ingenierías y la tecnología.


Si desea ampliar la información sobre el Día de π y sobre la historia de π, puede seguir estos enlaces:



2. Hoy es el Día de PI- microsiervos.com

3. ¡Feliz Día de Pi! - microsiervos.com

4. Pi Day - Wikipedia (english)

5. Día de Pi - Wikipedia (español)


lunes, 10 de marzo de 2008

CIENCIA, EVOLUCIÓN Y CREACIONISMO.


¿Evolución o Creacionismo?

En los últimos tiempos se ha producido una gran discusión en diferentes ámbitos de la sociedad mundial con respecto al desarrollo de la vida en la Tierra y el origen del Universo. Los principales protagonistas han sido por una parte, la teoría evolutiva, respaldada por la Ciencia y por otra parte, el creacionismo, respaldado por sectores religiosos de tendencia un tanto ortodoxa o por sectas religiosas dirigidas por líderes que aún no se ubican en el contexto de desarrollo propio del siglo XXI.

Si bien el creacionismo explica en forma sencilla y amena como se formó el universo, el mundo y como el Hombre fue creado por Dios para ser amo y señor de la Creación; en nuestro contexto actual, en que la humanidad está ya muy cerca de trascender las fronteras de nuestro sistema solar en busca de otros mundos por habitar y en donde una gran cantidad de misterios han sido resueltos y explicados por la Ciencia, dicha idea no tiene cabida, excepto que querramos dar una explicación simple y sin complicaciones a niños muy pequeños de mente inquieta o a personas que poseen muy baja escolaridad o ninguna.

Astroseti, basándose en un folleto informativo editado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América, denominado Science, Evolution and Creationism, ha publicado recientemente tres artículos muy interesantes titulados "Ciencia, Evolución y Creacionismo", que en esencia son una traducción de lo expuesto por la NSA y el Instituto de Medicina, en dicho folleto.

Los respectivos enlaces a dichos artículos son los siguientes:

1. Ciencia, Evolución y Creacionismo (Parte I).

2. Ciencia, Evolución y Creacionismo (Parte II).

3. Ciencia, Evolución y Creacionismo (Parte III).

Espero que disfrute la lectura de estos excelentes artículos, que le sea de provecho para aclarar algunas dudas que tenga al respecto y por supuesto, que esta información sea compartida por usted con otras personas.

Prof. Milton Fernández
Director PROMETEO-ELC

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